domingo, 19 de julio de 2015

XVIII.

El misterioso caso de por qué unas veces sentimos más que otras. O por qué dejamos que esos sentimientos nos afecten más.

El dolor nos hace fuertes. O eso dicen. Qué va, el dolor lo que nos hace es fríos, inhumanos. Nos hace crear muros a nuestro alrededor que solo las personas indicadas podrán volver a derribar. Nos hace desconfiar. Desconfiar de las mismas palabras que un día nos hicieron daño.

Y así hasta rompernos del todo, con la única esperanza de que, en algún momento, alguien sea capaz de permanecer, tenga ganas de estar, y nos ayude a unir los trocitos en los que nos hemos dividido poco a poco y con los años.

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