miércoles, 27 de mayo de 2015

XIV.

(Hay personas que parecen estar hechas de cristal,
al mínimo roce se podrían romper.
Por eso te dedicas a acariciarlas,
siempre en silencio,
con cuidado.) Lo que no sabéis, es que todas las personas del mundo tenemos algo de cristal en común,
(aunque algunas lo oculten y se empeñen en tenerlo de hierro.)
Y que cuando el corazón se rompe,
todos los pedacitos de cristal que quedan esparcidos por el suelo
pueden pinchar, cortar o clavarse en quien se empeña en pisotearlo.

Porque duele más clavarse el corazón de alguien en la suela de los pies.
Duele más escuchar el ruido de todos estos cristales estrellados contra el suelo,
o ver romperse el pecho, la cabeza y la vida de una persona,
que mirar hacia delante, recoger los pedazos y volver a reconstruirlo.
Todos somos frágiles.
Pero son más frágiles los rompec(ristales)orazones.
Así que aunque no lo parezca,
tener cuidado.
Y acariciar siempre.
Querer, siempre.
Mucho.
Pero shhh, en silencio.
(Que se rompe)

jueves, 21 de mayo de 2015

XIII.

Las cinco y diez de la mañana y aquí sigo despierta. Hace un par de horas que no paro de darle vueltas a todo lo acontecido y no me puedo dormir. Si supiera cómo hacer que las cosas funcionaran bien, cómo evitar el sufrimiento d ela gente que tengo a mi alrededor, no dudaría ni un segundo en actuar de otra manera. Los problemas se amontonan en mi cabeza a estas horas de la madrugada, sintiéndome culpable, aunque sé que estoy más próxima a ser inocente. Me hacen daño las palabras simples, los gestos complejos y los pensmaientos que se vuelven invisibles. Me enredo en las sábanas de mi cama, mirando al techo e intentando buscar una salida que me guíe a la respuesta adecuada. Quisiera contemplar el mundo desde muy arriba, donde nadie me pueda herir, ni hacerme daño. Sin embargo, continúo aquí. Pensativa, llorona, más sensible, perdiendo la confianza que últimamente había logrado reunir.

Cada día todo se complica más y mis problemas me atrapan en el tiempo, que s ehace eterno. ¿Para qué queremos tanto tiempo si lo vivimos sin lucir una sonrisa? ¿Por qué no somos capaces de avanzar sin necesitar ser necesitados? ¿Desde cuándo somos tan débiles para dar por bueno que el rumbo elegido no es el que nosotros escogemos?

Son tantas preguntas las que le hago a mi pobre almohada que apenas noto la humedad de las lágrimas que se deslizan por mi cara de vez en cuando.

Llorar desahoga. Aunque llorar de frustración enferma los sentidos.

Hacer lo correcto no sólo depende de uno mismo y no siempre decir la verdad nos alivia. La verdad duele, la verdad se esconde, en ocasiones, en una maleza de palabras tan espesa que es imposible tirar de ella para sacarla. ¿Merece la pena decir siempre la verdad?

Sé que no soy perfecta; que estoy más cerca del error que del acierto de la naturaleza. No pretendo llevar siempre la razón, ni que las personas más cercanas a mí me digan que sí a todo. Pero trato de ser honesta. Lo que hago, lo hago de corazón, sin moverme entre las sombras. No manipulo, ni busco segundas intenciones. Si guardo un secreto, es porque tiene que ser guardado. Si confieso un pecado, es porque debe ser confesado. Sin evaluaciones extras, sin firmas desconocidas.

Necesito soluciones. Respuestas. Deshacer el puzzle y volverlo a hacer, colocando bien las piezas. Necesito una canción con estribillo alegre y una película que tenga un bonito final.

Necesito ser feliz de una vez por todas. Despertarme por las mañanas animosa y dormir por las noches sin desvelarme. Soñar con imposibles cercanos y recrearme en sueños que me alejen de la realidad.

Es eso, felicidad. Lo que le falta a mi vida es felicidad. Y no llorar más de frustración, sino derramar lágrimas de alegría.

sábado, 16 de mayo de 2015

XII.

¿Realmente conocemos a las personas como creemos?

¿Es posible que alguien cambie tanto de un día para otro como para acabar no reconociéndole?

Después de mis últimas experiencias tengo que decir que sí, que es posible. Es muy duro, y si, además, es alguien a quien queremos, duele más.

A lo mejor, lo que sucede es que nos colocamos una venda en los ojos y no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. ¿No dicen que el amor es ciego? Tal vez los ciegos somos nosotros y le echamos la culpa al amor. Lo adecuado sería de vez en cuando revisarnos la vista y así tratar de evitar futuros sobresaltos.

Y es que estoy muy confusa en estos momentos. No entiendo por qué ha pasado todo esto. ¿Y si es culpa mía? ¿Y si ese cambio lo provoqué yo? Seguramente, no lo sé; lo único que sé es que él no era así. Ese no es el chico que me enamoró. El que me hizo comprender que era capaz de sentir más allá de la piel, de los complejos, de los clichés sociales y de las teorías que no le importan a nadie. Él logró que confiar en mí no fuera una lejana fantasía, sino una valiente realidad. Puso la primera piedra en la estatua de sentimientos en la que me he transformado y con la que empiezo a sentirme un poco mejor.

¿Es verdad que se fue? ¿O sólo era un disfraz?

Cuando piensas en alguien, lo puedes hacer de dos formas: sumando los recuerdos que te dejó hasta ese día o quedándote con la última visión que has tenido de él o ella. ¿Cuál es más real?

Probablemente, la primera. Sin embargo, es más habitual caer en la segunda. Al menos, a corto plazo. Tendemos a quedarnos con la última imagen que tenemos de esa persona. Para bien o para mal. Y muchas veces nuestro amor o nuestro odio dependen de ese último encuentro, sin contar con cada uno de los fotogramas con los que se construyó la película.

A partir de ahora, ¿qué? ¿Cómo se supone que debo actuar?

Hay muchas opciones, pero todas a medias. Ninguna será definitiva, ninguna conseguirá solucionar el problema. En ninguno de los casos me sentiré bien y con ninguna medida me restableceré de lo que está pasando. SI duermes, te arriesgas a tener pesadillas. Pero es imposible vivir sin dormir.

Por lo tanto, todas esas opciones son falsas opciones. Aunque de alguna manera hay que comportarse.

En el juego de la vida gana el que es feliz, aunque es posible que todavía a nadie le hayan el primer premio.


viernes, 8 de mayo de 2015

XI.

Y comienza un nuevo día, un día más sin nada que hacer. Me lo tendré que pasar pensado y pensando.

¿Sabéis en lo que pienso? Pienso que hice mal para merecer esto, que hice. Creo que no me porto mal con la gente, pero joder, ellos viven por ir para criticarme a mí y a todo lo que hago o digo. ¿Y sabéis? Esa es una de las muchas razones por la que estoy así de jodida.
La gente no tiene ni idea de lo mucho que duelen y hieren sus palabras, que es una mierda tener que oír: 'esa es rara', 'no tiene amigos' 'da pena' 'da asco'. Y así...

Es una mierda, y lo peor es que llego a mi casa y ¿qué hago? Nada, mirar al móvil esperando que alguien me pregunte el motivo de mis ojeras, por qué ya no sonrío. Pero no, nunca llegaron esos mensajes.

Fue entonces cuando decidí que quería acabar con todo esto, que no quería seguir viviendo, no merecía la pena. Dejé de preocuparme por mí, las ojeras cada vez se notaban más, y la gente seguía sin darse cuenta. Seguía criticándome, a nadie le importaba.

                           "Quiero acabar ya con todo esto" me decía a mi misma.

Quizás me faltaba el valor para acabar conmigo para siempre, o no sé. Los días pasaban, y yo cada vez más vacía.

Cuando yo ya estaba echa una completa mierda, fue cuando la gente me comenzó a preguntar 'qué te pasa' 'podemos ayudarte'. ¡No! Nadie puede ayudarme ya, llegáis tarde, ya no hay nada que hacer. Las heridas que tengo por dentro y por fuera ya son demasiado grandes.

miércoles, 6 de mayo de 2015

X.

Conozco lo que siento. Sé lo que soy. Y desde hace un tiempo, vivía feliz, inmersa en mi sueño. Hoy me han despertado a golpes de él. La intolerancia, la injusticia y la insensatez han abierto la puerta sin llamar y se han llevado toda mi ilusión.No sé si lograré volver a dormir y soñar de nuevo. No sé si conseguiré ilusionarme otra vez. No sé si esto sólo ha sido un puñetazo de realidad en pleno estómago de mi fantasía.
 Necesito sentirlo cerca. Olerlo. Tocar las yemas de sus dedos y buscarme dentro de sus pupilas. Pero sé que la única manera de aproximarme a él será a través de los recuerdos Intangibles y espaciados recuerdos. La única verdad que nos queda.
En estos momentos, sólo quiero huir hacia lo infinito. Atraparlo en la distancia y
llevármelo hasta el horizonte más lejano. Escaparnos de todo y de todos. Creernos las únicos supervivientes de un huracán de decisiones.
Sin embargo, estoy sola. Él se ha ido. Está atada de pies y manos. Encadenado por la sinrazón de quien debe protegerlo. Yo lo protegería con besos y caricias, pero no tengo poder para atravesar esas barreras.
Buscaré en la melancolía mi pañuelo y me secaré las lágrimas con su sonrisa.
No me queda más remedio que ser paciente y que los días curen mi tristeza.