lunes, 16 de febrero de 2015

IV.

A veces reflexiono
sobre lo que se suele decir
de que los defectos de uno
son para otros
el motivo por el cual están enamorados
de ti.
Pero
lo que nos cuesta aceptarnos,
lo que nos cuesta ver que realmente somos quienes somos,
que no vamos a cambiar por mucho que lo intentemos,
todo eso nos supera,
como cuando en un sueño te hundes en la tierra y nadie puede sacarte
o te caes por un precipicio y no tienes nada a lo que agarrarte,
¿me equivoco?
la diferencia es que fuera de los sueños,
en la realidad en que vivimos,
hay baches que si no se superan solos,
nunca se llega a aprender de ellos,
ni a vivir con ellos.
Nos cuesta darnos cuenta de que la visión de todo no cambia,
de que todo sigue igual aunque uno no quiera verlo
o comprenderlo.
Podemos hacer que todo mejore, que todo nos sea indiferente, pero en el fondo sabemos que todo alrededor seguirá como siempre.
Y esos pequeños fallos,
esas imperfecciones,
son las que hacen
que nos distingamos del resto,
que no seremos perfectos frente a la sociedad,
pero sí perfectos para alguien,
alguien que nos quiera de verdad,
esa gente que ve bonito cada rasgo que para otros
o para nosotros
es algo que no querríamos llevar encima,
algo que quisieramos borrar.
Pero, puede que a la larga nos aceptemos,
a pesar de los marrones,
no podemos vivir siempre a base de tropezones,
de caídas,
de mentiras,
de sonreír con vergüenza a que vean nuestras palas torcidas,
de no ir con bikini por miedo a que nos miren
a que nos critiquen.
Que no podemos vivir siempre huyendo de lo que somos,
no debemos
ni queremos,
tenemos que aceptar esos pequeños detalles
que hacen que seamos especiales,
¿no creéis?
Quizá habla la menos indicada, pero es que ya estoy harta de vivir atada a esos defectos que me tienen condicionada.
Y no sé,
ojalá supiera por donde empezar.

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