sábado, 21 de febrero de 2015

V,

Podría pasarme la vida observándote,
contando cada uno de tus lunares,
sí, es un tópico,
pero me encantaría hacerlo y eso no cambia nada;
sería genial poder decirte:
'voy por el trenta y tres, me quedan doce lunares'.
Es que es increíble la forma en que nos queremos, ¿no crees?
Ojalá todos nos creyeran cuando les decimos que lo nuestro es real,
realmente real.
Aunque bueno, ya lo verán.
Le deseo a todo enamorado querer como yo lo hago,
amar como yo te amo,
y tener a alguien como tú a su lado,
que maravilloso se te queda muy corto,
que tú eres demasiado.
Y es precioso pensar que,
llegaremos al final de la vida
con miles de trofeos invisibles,
méritos de haber conseguido sobrevivir
a pesar de tantísimos errores,
medallas de haber luchado contra los malos momentos
y haberlos ganado,
de haber tenido malas rachas
y seguir en pie a pesar de todo,
y de haber sobrevivido,
pero vivido,
juntos,
cada uno por el otro,
cada día costoso y cada noche de guerra,
juntos, sí,
siempre juntos.

lunes, 16 de febrero de 2015

IV.

A veces reflexiono
sobre lo que se suele decir
de que los defectos de uno
son para otros
el motivo por el cual están enamorados
de ti.
Pero
lo que nos cuesta aceptarnos,
lo que nos cuesta ver que realmente somos quienes somos,
que no vamos a cambiar por mucho que lo intentemos,
todo eso nos supera,
como cuando en un sueño te hundes en la tierra y nadie puede sacarte
o te caes por un precipicio y no tienes nada a lo que agarrarte,
¿me equivoco?
la diferencia es que fuera de los sueños,
en la realidad en que vivimos,
hay baches que si no se superan solos,
nunca se llega a aprender de ellos,
ni a vivir con ellos.
Nos cuesta darnos cuenta de que la visión de todo no cambia,
de que todo sigue igual aunque uno no quiera verlo
o comprenderlo.
Podemos hacer que todo mejore, que todo nos sea indiferente, pero en el fondo sabemos que todo alrededor seguirá como siempre.
Y esos pequeños fallos,
esas imperfecciones,
son las que hacen
que nos distingamos del resto,
que no seremos perfectos frente a la sociedad,
pero sí perfectos para alguien,
alguien que nos quiera de verdad,
esa gente que ve bonito cada rasgo que para otros
o para nosotros
es algo que no querríamos llevar encima,
algo que quisieramos borrar.
Pero, puede que a la larga nos aceptemos,
a pesar de los marrones,
no podemos vivir siempre a base de tropezones,
de caídas,
de mentiras,
de sonreír con vergüenza a que vean nuestras palas torcidas,
de no ir con bikini por miedo a que nos miren
a que nos critiquen.
Que no podemos vivir siempre huyendo de lo que somos,
no debemos
ni queremos,
tenemos que aceptar esos pequeños detalles
que hacen que seamos especiales,
¿no creéis?
Quizá habla la menos indicada, pero es que ya estoy harta de vivir atada a esos defectos que me tienen condicionada.
Y no sé,
ojalá supiera por donde empezar.

sábado, 7 de febrero de 2015

III.

Quién quizá recordará
aquellos momentos en que la lluvia disimulaba las goteras de un alma
que sin compasión
sembraban un caos en quien las sufría
porque no había peor sentimiento
que guardarse el dolor
el continuar como si nada
el corroerte el corazón sin si quiera darte cuenta
y llegados a un punto culminante
derramar con más ganas
las lágrimas
que consigo el desespero llevaban
y que cuando al fin cesaban
dejaban una amarga agonía
que seguía rellenando los huecos que del espíritu se quedaban vacíos
con más insatisfacción y sufrimiento
pero dejando en el cuerpo
al menos
un poco de vida aún
que servía y servirá
para que los días sigan su curso
y esos momentos
se repitan
de nuevo.
Y aunque no queramos
ni nos queden fuerzas para hacerlo
sabemos que una sonrisa en la cara
es el más fuerte de los escudos
porque es mucho más fuerte que cualquier cosa que
se nos cruce
por delante.